Un castillo sin rey: Así quedó la fortaleza de la UOCRA tras la caída del "Pata" Medina

 

Sociedad 8 de octubre de 2017

Medina siempre fue el rey. Su castillo, la sede de la UOCRA. Una semana después de la hollywoodense detención que relata el periodista Facundo Cottet en esta crónica.

 


Por: Facundo Cottet


Juan Pablo “El Pata” Medina era el líder. Manejaba a la masa como pocos en su especie, tenía todo ordenado puertas adentro. La verticalidad con la que se movía él, su hijo Cristian “Puly” Medina y, de ahí para abajo, el resto de la organización, era envidiable. A los empujones y arrebatos cuando hacía falta; es decir casi siempre. El martes, buena parte del poder político miró por televisión el monumental despliegue de fuerzas de seguridad federal y sonrió. De a poco empezó a festejar la detención del líder de la Unión Obrera de la Construcción República Argentina (UOCRA), seccional La Plata. Era una de las cuentas pendientes de Cambiemos y desde hace un tiempo funcionarios de tercera o cuarta línea decían que iban a ir por Medina, pero pocos lo imaginaban. Ellos lo podían soltar como comentario, pero la sonrisa angelada de la gobernadora María Eugenia Vidal y el mensaje pastoril del presidente Mauricio Macri no daban mayores pistas de que, efectivamente, el Estado (la Justicia y el Gobierno) se iba a meter con el tipo que manejó a discreción y por 20 años una de las entidades gremiales con mayor poder de movilización y lealtad de La Plata y alrededores. Medina es el antihéroe, y ahí entra todo lo que dicen de él: el chorro, el líder, el mafioso, el compañero, “mi secretario general”, El Pata.
***
“Permiso, permiso”, pidió Fabiola, la mujer del Pata Medina en la tarde del martes 26 de septiembre. Le hablaba a la improvisada ronda de prensa que enfrentaba el líder de la UOCRA en la sede del gremio. Esa gran casona con el frente color celeste oscuro y aberturas blancas, está ubicada en pleno centro de la ciudad. Desde hace años dibujaba un paisaje propio en la avenida 44 entre 4 y 5, que poco tiene que ver con lo residencial. En La Plata todos, o casi todos, saben que esa cuadra, y en el último tiempo también sus alrededores, era territorio de Medina y los suyos. “Las asambleas las tenemos que hacer en la calle porque no tenemos lugar”, se excusaba. Siembre hubo bombos y bombas de estruendo. Hubo escenarios, baños químicos, puestos de choripanes, motos tirando cortes y outsider a los que el gremio les daba obra social, bono de fin de año y también les retenía parte del sueldo para los fondos de desemplo. Medina siempre fue el rey. Su castillo, la sede de la UOCRA.
Quedó detenido en la noche del martes después de una resistencia maratónica. Cientos de seguidores soportaron la lluvia y la noche. Del lunes al martes, Medina durmió en el gremio. “Vamos todos afuera, dale que es agua, qué onda”, ordenaban la gente del Pata cuando había que salir del edificio para plegarse a la masa y escuchar Medina que asomaba al balcón. Como Perón.
Se entregó en su casa de Villa del Plata, zona de casas quintas, de Ensenada, luego de algunas horas de tránsito en las que su abogado, Víctor Hortel, negoció condiciones. La causa inicial por la que era buscado es extorsión al estado. Después aparecieron más causas, allanamientos, cuentas con dólares, armas y material para los noticieros filtrado por el propio Gobierno. Durante años, el dirigente tuvo aceitados vínculos con el estado al que ahora, sostiene la justicia federal, extorsiona o extorsionó.
***
-Permiso, permiso, vuelve a pedir la mujer del Pata Medina en la tarde de la caída. Se llama Fabiola García y siempre que Medina estuvo en problemas con la ley aparecía a su lado. Esta vez tiene cara de preocupación. Parece atemorizada. Parece, también, una persona con baja presión. Entra y sale de la oficina del primer piso del gremio siempre con el celular en la mano. Aguanta un llanto. Salvo las periodistas, García es la única mujer que hay en la sala. Fue veedora del gremio y garantizó a la fuerza que en cada obra haya mujeres trabajando. Medina la mira y no sonríe como en la foto que está colgada en la pared. En la postal, el matrimonio sindical aparece abrazado y feliz. Es el patrón de la obra abrazado junto a su mujer rubia.
-Ya va vida, responde.
-Dale que es importante, vamos.
La decoración del despacho, oficina, y antesala al balcón por el que El Pata sale a hablar emulando al general Juan Domingo Perón tiene de todo. Camisetas autografiadas de Boca Juniors e Independiente. Hay fotos con su familia, con sus hijos y un poster de su nieto. A simple vista no hay fotos con políticos ni con el Papa, una norma que impera en la mayoría de los despachos dirigenciales del ámbito político, empresarial o sindical. Sí hay, en cambio, una foto de Medina con Mike Tyson. Otro antihéroe. Es, sin dudas, la más llamativa.
Apoyada sobre un mueble hay una virgen de Lujan. Al pie de la patrona de Argentina, aparece una estatuilla de San Cayetano, el patrono del trabajo y muchas, pero muchas, imágenes de Perón y Eva. Hay fotos de la pareja justicialista, hay retratos y pequeños bustos de ambos. También hay trofeos y plaquetas. Sobre la mesa principal se ve una pipa de agua. Es una narguile idéntica a la que aparece en la foto que le tomaron minutos antes a que se lo lleven preso. Sin embargo, lo más icónico está en la puerta del gremio. Son las estatuas en tamaño real de Perón y Eva sobre la vereda del gremio. Ladrillo y cemento, bien barroco. Cada una está custodiada de un cubículo de vidrio blindado.
***
Antes de hablar con la prensa por última vez, Medina había salido al balcón -también- por última vez. La masa, que cubre las dos manos de la avenida 44 enloquece. Ahí está su líder. Como en toda masa no hay mucha capacidad de raciocinio. La gente se mueve por otros impulsos. Las cámaras de televisión tomaron imágenes con bombas molotov. Hay gomas quemadas, escombros que improvisan lomas de burro y barricada de gomas y tachos de plástico. Circuló una foto de un seguidor del Pata listo para la guerra: medio tambor de aceite a modo de escudo en una mano y hierro aleteado de construcción en la otra. Dará la vida por su líder.
Los periodistas y los más cercanos a Medina saben que está llegando una cantidad inusitada de fuerzas de seguridad, la gente que está bajo la lluvia en una vigilia interminable no cuenta con esa información y si la orden es resistir, lo harán. Tampoco imaginan que esa será la última vez que el rey salga al balcón de su castillo castillo. La próxima imagen que verán de Medina será esposado. Empiezan a aparecer videos y fotos de tanquetas recorriendo la avenida circunvalación de la ciudad de La Plata. Es la Gendarmería que desde hace un tiempo volvió a tener una atención preferencial. “No queremos otro Santiago Maldonado”, había dicho Medina frente a las cámaras horas antes.
No hay alternativa, es una carrera a contrareloj. Medina se encierra con su hijo, esposa y los abogados en una sala al lado de su despacho. Entre quince y veinte minutos dura el comité de emergencia, las fuerzas de seguridad se acercan y Medina se adelanta. Se retira de la sede la UOCRA con un ejército de obreros espartanos custodiándolos. Se sube a un auto Ford Fiesta Max color gris que se escapa por calle 4. Todos gritan y se empujan. Hay adrenalina y la lluvia hace que el recorrido del Pata hasta el auto sea más épico, o trágico.
Desde el balcón su hijo pide la desconcentración. Los guerreros del Pata se van eufóricos, corriendo bajo la lluvia: “aguante la UOCRA, aguante El Pata”, las motos empiezan a meterse en contra mano por cualquier calle, tiran cortes con los caños de escape. Liberan la avenida 44 y un tipo con una pala empieza a correr los escombros. “Al desagüe no los tires, que después se tapa”, le ordena a otro. Hacen un excelente uso de la pala.
De Medina se sabe poco y nada, los abogados cortan los teléfonos. Después se informará que estuvo dando vueltas por las inmediaciones de Ensenada. Que se detuvo en el barrio El Mercadito, en la periferia de la ciudad de La Plata al borde a la autopista La Plata-Buenos Aires. Se dice que se cambió de auto en varias veces. Ya no tenía demasiadas alternativas. Las fuerzas de seguridad esperaban la orden y después, ya con la noche encima, lo que se vio en todos lados. El Pata Medina se entregó. Lo hizo en su casa, junto a su mujer. Ella también cayó. El hijo y sucesor de Juan Pablo también. Fueron por todos. Gendarmería llegó a la sede de la UCORA con tanquetas y cientos de efectivos. Querían evitar que, sin el rey, los aldeanos vuelvan a su castillo. [El Teclado]

 

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