Sobrevivir a la prostitución: " para iniciarme tuve que soportar  una violación masica y publica"

 

Entrevistas 6 de diciembre de 2017

Sonia Sanchez fue abusada sexualmente y prostituida desde los 16 años. Pudo escapar de ese infierno y hoy da charlas en escuelas para terminar con la violencia que encierra a la prostitución
 
 

 


Sonia nació en Chaco, su papá era albañil y su mamá lavandera. Su infancia la recuerda trabajando en un campo de algodón junto a sus 6 hermanas, un día dijó basta, se junto sus cosas y se vino a Buenos Aires. Pensaba que estando en la capital era la única forma de progresar, su mama se enojo mucho y le rogó que no se vaya, hoy ella recuerda el pedido de su madre y entiende que obedecerla le hubiera cambiado la vida.
 
Su primer trabajo en Buenos Aires fue mucama cama adentro, para una familia del barrio de Floresta “Me levantaba a las 5.30 para prepararle el desayuno a mis patrones y a sus hijas y terminaba de limpiar de madrugada. Los domingos por la tarde, durante el único rato libre que tenía, leía el diario que dejaban. Un día vi en los clasificados que a las domésticas les pagaban más que a mí y pedí un aumento. Mi patrona me dijo que no y yo, sin pensar que era menor ni que estaba sola, le dije: ´Entonces búsquese a otra´. Me fui a un hotel muy económico y empecé a buscar trabajo”.
 
Sin un techo donde vivir, acudió a una pensión en el barrio de Once, pero nadie le daba trabajo, nadie la conocía, nadie podía decir “Sonia, no roba”, “ella tiene ganas de trabajar”. Después de dos semanas viviendo en el hotel, el dueño del lugar la echo por que debía dos noches, no le permitió ni sacar su ropa. Empezó a caminar por Rivadavia, el miedo se había apoderado de su cuerpo, hasta que llego a la Plaza Miserere y decidió quedarse.
 
“Dormía de día en el tren Sarmiento porque ahí me sentía protegida y de noche, como era muy flaquita, me escondía en los recovecos del mausoleo de la plaza. Yo no sabía lo que era pedir así que revolvía la basura para comer”
 
Buscar trabajo se le hizo aun mas difícil, cuando le preguntaban su domicilio "Una plaza no es un domicilio legal", le contestaban. “Todo me fue empujando cada vez más afuera de la sociedad”, explica mientras se le hace inevitable llorar. Ella aclara que aun hoy, no puede sentarse de espaldas a las puertas; ese es solo alguno de los traumas que arrastra de la pesadilla que le toco vivir.
 
Hoy Sonia tiene 53 años, recuerda de forma muy clara quien la aconsejo que se metiera en el mundo de la prostitución “Me acerqué a una mujer que siempre andaba por ahí y le conté lo que me estaba pasando. Ella me dio unas monedas, me dijo que fuera a comprar un champú y un jabón y que me duchara en el baño de la estación. Volví a la plaza y le pregunté: ¿Y ahora qué hago? Me dijo: "Nada, sentate, los hombres van a hacer todo". Así fue. Esos hombres me hicieron la puta de todos y de todas. Por eso digo que ser puta no se elige con libertad, como ser presidenta, diputada o periodista. La falta de educación, de trabajo y de vivienda te empujan a eso”
 
Como la mayoría de la mujeres explotadas sexualmente, Sonia no recuerda con claridad su primera vez, ellas luchan día a día por olvidar las atrocidades que un tipo arriba de ellas les obligo a hacer. “No recuerdo la cara del primer varón prostituyente, ni qué me hizo. Sólo recuerdo cuando volví a ducharme, ya sola, en un hotel familiar. Lloraba bajo la ducha. Me había dado cuenta de que para tener ese baño y esa comida caliente tenía que volver a pasar por lo que había pasado un rato antes” cuenta.
 
Intentó en varias veces salir de ese circulo, conseguir otro tipo de trabajo y abandonar por fin la prostitución, la prostitución como única escapatoria si quería tener un plato de comida al terminar la jornada. “un día compré el diario para buscar trabajo, y encontré un aviso que decía: 'Se necesita camarera cama adentro, buen pago, en Río Gallegos'. Fui. Le dije al hombre que no sabía ser camarera pero que iba a aprender. Al día siguiente, muy temprano, llegué a Aeroparque. El hombre ya estaba ahí, sacó mi pasaje y me subí por primera vez en la vida a un avión. Cuando llegué, un remisero me llevó a mi nuevo trabajo”.
 
Lamentablemente eso que para ella era una oportunidad termino sindo totalmente una mentira, así fue como llegó a un prostíbulo de Las Casitas, un barrio entero de Santa Cruz en donde hay uno al lado del otro. En el lugar había otras 10 chicas, ninguna mayor de 18 años. Las Desparramaron en 5 habitaciones, a las que entre las trabajadoras sexuales les llaman normalmente celdas. “En la misma habitación en la que dormíamos teníamos que hacer los pases. Quiero ser clara con las palabras, porque "pase" suena a "bienvenido, pase": un pase es la penetración anal, vaginal y bucal. Y una mujer prostituida puede hacer 30 pases por noche. ¿Puedes imaginar eso?”
 
“Uno de los trabajos sexuales, entre comillas, que le hacen hacer a una mujer prostituida se llama bautismo, fijate qué bonito nombre. Al cuarto día de mi llegada, cerraron el lugar y me quedé sola. Le pregunté a Marta, la traficante que regenteaba el lugar, qué pasaba y me dijo: "Ah Sonia, hoy sólo vienen los amigos de la casa". Esta mujer tenía un perro adiestrado muy grande, siempre llevaba un revólver en la cintura. Yo era, en la jerga, "la carne nueva". Empezaron a llegar. Eran 25 hombres de todas las edades. Todos pasaron por mí, no una sino 3 veces cada uno, anal vaginal y bucalmente. Eso es un bautismo: una violación masiva y pública. Recuerdo flashes. Recuerdo que yo miraba a esa mujer, le pedía socorro con la mirada, pero ella sólo anotaba cuántas veces eyaculaba cada uno”.
 
Nadie la ayudo, es más hubo muchos cómplices es esta historia, después de “su bautismo”, estuvo dos semanas internada, los médicos sabían de donde venia y que le habían hecho, aunque suene poco creíble nadie hizo nada para evitar que se la regresen a la casa del terror.
 
Sonia intenta contar como fue el primer final “Me escapé pero todavía no recuerdo cómo. Supongo que habré llegado por tierra, no sé cuántas violaciones más habré aguantado para poder llegar a Buenos Aires porque las putas no manejábamos dinero. Sólo recuerdo cuando volví a verme en la plaza. Pesaba 44 kilos. Seguí en la prostitución durante un año más hasta que un varón prostituyente me dio una golpiza terrible, un conserje me salvó la vida. Y ahí entré en un shock emocional profundo y empecé a liberarme de la prostitución. Verás que no los llamo clientes: esa palabra maquilla la violencia y supone que estás vendiendo algo. ¿Qué vas a vender si tu cuerpo no te pertenece?”
 
Cuando alguien toma el valor para abandonarla la prostitución, lo que sigue por transitar no es menos difícil que lo anterior. Hay que luchar contra la ignorancia social, volver a amigarse con su cuerpo, trabajar para reconstruir la mente, lograr aceptarse nuevamente,entender que alguien puede tocarte sin la necesidad de lastimarte y convivir con la vergüenza.
 
Sonia a la hora de contar su historia se describe como Puta, no como trabajadora sexual, ya que es una forma de maquillar la violencia que hay detrás de estos actos. La palabra trabajo dignifica, además si lo tomamos como un empleo le baja el indice de desocupación al gobierno de turno.
 
Para cerrar y con una sonrisa en su rostro explica: “soy feliz cuando voy a una escuela y les cuento a los alumnos todo ésto para que no se conviertan en varones prostituyentes, y les advierto a las chicas cómo pueden caer en la prostitución buscando trabajo. La única forma de luchar contra el negocio de la venta de vidas y el alquiler de cuerpos, es desde la educación.”

Comentarios
Dejá tu comentario acerca de esta nota
 
 
 
Deportes

¿Qué le pasa a Messi? Preocupación por la lesión que inquieta al astro nacional a  dos meses de la cita mundialista.

Lionel Messi está tocado. Hace más de un mes que las molestias en el aductor y el isquiotibial derechos condicionan su rendimiento. Y no mejora. Atado, juega menos. Menos tiempo, menos productividad. "Se está cuidando", le cuentan a LA NACION desde la intimidad del seleccionado . Los sprints largos y bruscos cambios de ritmo debe administrarlos como nunca. "Está al límite", agrega otra fuente cercana al jugador. El objetivo es evitar que las persistentes molestias se trasformen en una distensión. O, peor, en un desgarro. Quedan 25 días y cinco partidos para que concluya la estación 2017/18 de Messi. Una rotura muscular precipitaría el cierre de la temporada y definitivamente le quitaría ritmo competitivo en la antesala de la Copa. Además, cuando la ruta al Mundial entra en un callejón sin salida, las lesiones traen un efecto anímico demoledor.
 

Policiales
 
 
Deportes

¿Qué le pasa a Messi? Preocupación por la lesión que inquieta al astro nacional a  dos meses de la cita mundialista.

Lionel Messi está tocado. Hace más de un mes que las molestias en el aductor y el isquiotibial derechos condicionan su rendimiento. Y no mejora. Atado, juega menos. Menos tiempo, menos productividad. "Se está cuidando", le cuentan a LA NACION desde la intimidad del seleccionado . Los sprints largos y bruscos cambios de ritmo debe administrarlos como nunca. "Está al límite", agrega otra fuente cercana al jugador. El objetivo es evitar que las persistentes molestias se trasformen en una distensión. O, peor, en un desgarro. Quedan 25 días y cinco partidos para que concluya la estación 2017/18 de Messi. Una rotura muscular precipitaría el cierre de la temporada y definitivamente le quitaría ritmo competitivo en la antesala de la Copa. Además, cuando la ruta al Mundial entra en un callejón sin salida, las lesiones traen un efecto anímico demoledor.
 

 
 
Municipales
 
 
Sociedad
 
 
Politica
 
 
Espectaculos
 
 
Tecnologia
 
 
Cultura
 
 
Actualidad
 
 
Musica
 
 
Historia
 
 
Opinion
 
 
Economia
 
 
Cine
 
 
Politica internacional
 
 
Internacional
 
 
Espacio literario
 
 
Noticias Breves
 
 
Radio
 
 
Salud
 
 
Entrevistas
 
 
Panorama Informativo
 
 
politica/deportes
 
 
Tiempo
 
Temas del Momento
 
 
Efemerides
 
Television