Se acabó la esperanza celeste en Rusia; ahora, a defender la independencia del fútbol uruguayo

 

Deportes 6 de julio de 2018

Tras el último Mundial a primer nivel de las estrellas de Uruguay, llega un cruce de caminos donde habrá que defender lo logrado


Por Ignacio Chans
En la pasión del Mundial, en el sueño de llegar a semifinales, pasó desapercibido para la mayoría la visión de largo plazo: fue el último Mundial en el máximo nivel de la generación de estrellas celestes que brillan en Europa.
Suárez, Cavani y Cáceres llegarán con 35 años a Catar 22. Muslera con 36, al igual que Godín. Tendrán edad para jugar ese torneo, pero ya no en su plenitud. Más o menos como lo que le pasó a Diego Forlán en Brasil 2014. Cuatro años después de ser el mejor del Mundial 2010, en Brasil mostró que el tiempo pasa, como para todos.
Será difícil volver a sacar estrellas de la talla de Suárez o Cavani. Y por eso se hará más necesario que nunca defender el legado de esta selección, eso de que el trabajo colectivo está por encima de las individualidades. Y defender lo que se logró afuera de la cancha, que es todavía más importante que lo que se consiguió adentro.
Porque se le podrán criticar muchas cosas a este proceso. El tipo de fútbol, algunas decisiones tácticas. Como suele decir Tabárez, el fútbol es subjetivo, y opiniones hay mil. Y es imposible agradarle a todos. Hasta nosotros, los periodistas, podemos criticarle muchas cosas, ya no específicamente futbolísticas, sino de cómo ve nuestro trabajo, de la desconfianza que nos tiene.
Pero es ahora, en la derrota, donde hay que valorar cómo este proceso de selección cambió la historia del fútbol uruguayo. El orden, el respeto, la planificación, la estructuración... pero sobre todo, la independencia.
Porque si hay un legado que dejó este proceso es el de poner a la selección por encima de todas las cosas. Eso que parece tan obvio, pero que durante mucho tiempo no se dio.
Porque hasta la llegada de Tabárez, la selección no era prioridad. O lo era solo cuando llegaban los torneos, y en realidad, la suerte ya estaba echada. No era prioridad antes, cuando de verdad importaba. Cuando se construyen los procesos.
En lo político no era prioridad: porque siempre los clubes, los arreglos, los equilibrios, estaban antes. En lo dirigencial tampoco: la necesidad inmediata, la falta de paciencia, las malas decisiones para elegir entrenadores, o para defenderlos, destrozaban la idea de un proceso estructurado, eso que hoy tiene Uruguay y las selecciones serias del Mundo: Alemania, Francia, Brasil...

Y ante todo, no era prioridad en lo económico. Porque hasta la llegada de este proceso, la AUF y la selección no tenían independencia económica ni política respecto a la empresa dueña de los derechos del fútbol uruguayo. Eso es un hecho, se opine lo que se opine de Casal o de Tenfield.
La tarea de independizar a la AUF y a la selección, y con eso multiplicar los ingresos, la inició el Ejecutivo de Sebastián Bauzá, al punto que le costó el gobierno. Lo continuó el Ejecutivo de Wilmar Valdez, pese a que cuando asumió se lo acusaba de venir a derrumbar lo hecho por su antecesor.
Y en el medio, parte de lo histórico de este proceso fue que los jugadores se pusieron al frente de la nave para exigir esa independencia, y el concepto de que la selección está primero.
Los números lo avalan: los US$ 17 millones que generó la selección para el fútbol uruguayo es la mejor fuente de recursos que tienen los clubes. Se logró quintuplicar los ingresos, apostando a una idea simple, pero que costó mucho: independencia.
Los jugadores ganaron espaldas anchas gracias a lo logrado en la cancha. Pero también tomaron lo transmitido por Tabárez para levantar la mira, y apuntar más allá de la pelota, para influir en lo de fondo. Porque eso prepara el terreno para poder tener todas las herramientas a la hora de salir a la cancha. Sea en tener procesos juveniles estructurados, o un gremio de futbolistas independiente, o empresas que le pagan a la AUF por usar el escudo de la AUF y la camiseta celeste, en lugar de pagarle a Tenfield o a cualquier otra empresa.
El fútbol uruguayo llegó a un cruce de caminos. En un mes habrá elecciones. El actual presidente ya anunció que quiere seguir y mantener este camino. Sea él u otro que se presente, tendrá que seguir, paso a paso, ese camino que se ha afianzado. Deberá respetar los conceptos que se han marcado sobre piedra.
Porque más allá del gol Josema ante Egipto, los golazos de Cavani a Portugal, de la propia clasificación al Mundial, toda esa realidad actual difícilmente podría mantenerse en el tiempo si los jugadores no hubiesen dado ese paso al frente por defender los intereses económicos del fútbol uruguayo. Si los dirigentes no hubiesen recogido el guante y se hubiesen puesto codo a codo a trabajar por esa independencia. Si Tabárez no hubiese liderado.
Ojo con lo que viene. Porque es fácil decir "la selección es lo primero", o "queremos que siga Tabárez". La clave será, en cada decisión diaria, no dar el brazo a torcer. Subir a los clubes es este proceso de transformación que logró la selección. Y con todo eso, defender la independencia del fútbol uruguayo.

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